El muchachito valiente

Cuando era muy pequeñito, un día, al salir de la guardería le pregunté a mamá:
- Mami, ¿yo tengo papá?-
-Claro, hijo – respondió ella.
- ¿Y donde está? –
- Se fue de viaje –
- ¿Y cuando volverá? –
- No lo se, cielo. Algún día. –
Desde aquel día me pasaba las horas esperando a que papá regresara y de vez en cuando le preguntaba a mamá:
- ¿Tardará mucho? –
- No lo sé. – respondía siempre.
Una de esas veces en que se lo pregunté me di cuenta de que mamá intentaba no enfadarse conmigo.
Siempre me daba cuenta de eso.
A veces se enfadaba un poquito y me reñía, pero a veces se enfadaba mucho. En estas ocasiones notaba que se esforzaba en no enfadarse, para no reñirme mucho.
Esa vez, en lugar de reñirme me explicó que a veces los papás y las mamás no se entendían y entonces uno se iba de viaje. Y a veces volvían y a veces no. Y papá no había vuelto, y ella no sabía si volvería alguna vez.
- Pero no le necesitamos para nada, ¿verdad, chiquitín?. Nos bastamos tu y yo solitos.-
Le di la razón aunque me dejó triste pensar que papá quizás no volviera, porque era como no tenerlo.
Algún tiempo después de eso, mamá me dijo un día:
- Cariñito, he de pedirte un favor muy grande. Últimamente las cosas no me van muy bien en el trabajo y necesito ayuda, así que se la he pedido a un tio que tengo y va a venir esta noche a verme. Necesito que te acuestes antes de que llegue y no hagas ruido y no vengas a mi habitación mientras hable con él. ¿Podrás hacerlo? –
- Claro, mami. Ya soy grande.-
-¡Así me gusta! Sabes que eres mi muchachito preferido ¿verdad?-
De manera que aquella noche y muchas noches después de aquella, el tio de mami venía a verla y yo me acostaba temprano para no molestarles mientras hablaban.
Desde mi habitación no se podía oir lo que decían, pero si se oía cuando reian. A veces las risas eran muy fuertes, otras muy flojitas.
A veces pensaba que mami lloraba, pero no salí nunca a mirar si le pasaba algo, aunque un día le pregunté:
- Mami, ¿te hace llorar el tío? –
- No, cariño, ¿porqué lo dices? –
- Es que a veces me pienso que estás llorando, que el tío te hace daño y yo no quiero que te haga daño.-
- ¿Y que haría mi muchachito si eso pasara? –
- Yo…yo saldría, iría y le daría una patada muy, muy fuerte, como la que le dió ayer juanito a javier en el cole. –
- ¡Mi muchachito valiente! Sé que lo harías, pero no te preocupes, nadie me hace daño, ¿vale? –
- Vaaaale –


Han pasado muchos años de eso, ya no soy el bebé preguntón y entiendo lo que pasa en casa.
Sé que mamá tuvo que buscarse la vida cuando la despidieron de varios empleos por no poder compaginar su vida laboral con cuidar de su hijo.
Sigo oyéndola reir con su tío y hace tiempo que comprendí que no lloraba, como pensaba de pequeño.
Pero hoy si que está llorando.
Y, antes de que empezara a llorar, el sonido que he oído ha sonado a bofetón.
Me parece que hoy si que necesita a su Muchachito Valiente.
*-*-*-*-*

1 comentario:

  1. me has emocionado eulalia...
    k dura es la vida aveces!!
    Un beso
    :-(

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